Historia

Poco se conoce de este pequeño pueblecito situado a 53 Km al noroeste de la capital cacereña. Enclavado en un espacio físico dominado por la Penillanura trujillano cacereña, lo que le confiere en lo que a relieve se refiere una imagen de horizontalidad, con predominio de dos ecosistemas sobre todo: la dehesa y la estepa, afectados por un clima mediterráneo de inviernos suaves y veranos calurosos: donde su población envejece por días añorando lo que fue un pasado más esplendoroso y llorando a los que un día, por circunstancias de la historia o ¿Quién sabe qué?, tuvieron que marchar a Vitoria, Madrid o Barcelona…

La mayor parte de sus tierras han quedado destinadas a pastizal. La ganadería actualmente domina sobre la agricultura, que ataño fue importante, pero que hoy ha quedado reducida al cultivo ara el autoconsumo.

La explotación del vacuno domina sobre cualquier otra hoy, cuando en otros tiempos, como en el resto de Extremadura, se practicaba una explotación combinada (agrosilvopastoril); donde todos los recursos eran aprovechados por el hombre, favoreciendo su conservación. De esta forma los suelos de su dehesa eran cultivados alternativamente; el ganado de cerda aprovechaba la montonera e sus bosques de encina; muros de colmenas bien ubicados producían buenísima miel de milflores. Ovejas y cabras aprovechaban espacios libres… Toda una cultura asociada a estas actividades ha desaparecido con ellas. Oficios y herramientas quedan sólo en la memoria de los ancianos que plácidamente se calientan en "el ejido" silencioso hoy, donde ayer era trasiego continuo.

Históricamente hablando el núcleo poblacional de Villa del Rey, es de constitución relativamente reciente. Sin embargo, en su término municipal existen vestigios sin excavar de culturas muy anteriores. Los más remotos son los restos de enterramientos de época megalítica (3.500-3.00 a.c.) que algunos arqueólogos definen como "cultura de las tumbas", queriendo expresar la falta de información y constatación de lugares de hábitat. Es probable que siguieran unas formas de explotación dominadas por el nomadismo. Las tipologías de los mismos y su cronología exacta es difícil de establecer. Los materiales con que se construyeron, son lo predominan en las proximidades, así aparecen dólmenes en granito y en pizarra, de los cuales los construidos en granito se conservan en mejores condiciones.

De las penetraciones de pueblos célticos, la zona queda de límite entre lusitanos y vetones; en la época denominada "Edad de Hierro", y de estas fortificaciones quedan vestigios en el término villariego, donde nada se ha investigado y mucho está siendo expoliado por "mal aficionados" a la arqueología y los detectores de metales.

La aparición de elementos materiales sueltos como: tégulas, pesas de telar y otros restos cerámicos de época romana, atestiguan la posible existencia de asentamientos rurales de esté período cuyas características específicas nos es imposible definir, pero que arqueólogos especialistas de la zona así los consideran (C. Montano Domínguez.) "Carta arqueológica de la zona de Alcántara"

El núcleo de población de Villa del Rey es probablemente de origen más reciente y vinculado al desarrollo y consolidación de la Orden militar de Alcántara en la Edad Media. Es posible que el núcleo apareciera vinculado a la encomienda de Belvis y Navarra perteneciente a dicha Orden y de la que actualmente quedan el nombre y la dehesa donde se ubicaba y escasos restos d lo que fue su casa fuerte, conocidos como "Torre de Belvis", la cual parece fue destruida por el infante Pedro de Aragón en sus revueltas contra su primo Juan II de Castilla allá por 1431.

Los cuatro edificios religiosos con que contaba la población todavía en 1.791, según los Interrogatorios de la Real Audiencia de Extremadura, solo se conserva en perfecto estado la iglesia parroquial dedicada a Santiago el Mayor.

De las tres ermitas que poseía: San Blas, San Bartolomé y Santos Mártires; sólo quedan restos de las dos primeras que actualmente se encuentran en estado deplorable, sirviendo de cobijo al ganado.

De sus oficios, sus tradiciones y fiestas, Villa del Rey va olvidando con la desaparición de sus mayores, la mayoría de los "corros" que se cantaban en la plaza cuando se venía de "apañá bellotas o aceitunas"; o de los sabios refranes y entretenidas adivinanzas. No van quedando jóvenes que sepan hacer queso, y curar la matanza y que "tuerzan el cordón" el día de San Blas y hagan para el Santo y para las bodas y los bautizas las sabrosas empanadas y monumenteras, que también hacen los alcantareños.


Fuente: Inés María Flores Tapia